martes, 28 de junio de 2022

RESENTIDO (cuento)

 RESENTIDO

17 de Mayo. Una noche fría; costaba respirar. Las calles, como en un escenario apocalíptico, se encontraban desiertas. Ni un alma deambulaba, con excepción de algún perro famélico o alguna patrulla policial. Quien se asomara por su ventana se encontraría con una realidad desconfortante, con una naturaleza ajena y hostil, un mundo verdaderamente inhabitable, y reinante soledad. La mayoría cerraba las cortinas para volverse a su cena, su serie de televisión, o su conversación con familiares. Se distanciaban de aquel mundo perturbador. Huían de la hostilidad, pero esto ya consistía de algo cotidiano. Una comodidad que siempre había sido garantía.

Ernesto no tenía a dónde huir. Sin hogar al que volver, sin cama en la que dormir, se encontraba envuelto en frazadas y aún así tiritando. Ni su larga barba le proporcionaba calor. Hacía unas horas un buen samaritano le había comprado un café cuyo vaso de plástico aún guardaba, más por el buen recuerdo que por utilidad. No sólo la buena acción le resultó reconfortante, pues eso en sí mismo no significaba nada. Personas con total indiferencia, incluso asco, podían realizar “buenas” acciones hacia gente en su situación, no por respeto hacia su dignidad, ni siquiera por lástima, pero para sentir que en sus inútiles vidas podían justificar sus creencias sobre ser una buena persona y ofrecer algo de valor. Ernesto jamás se quejaría de recibir ayuda, pero conocer sus motivos egoístas, ser utilizado como una herramienta para reparar la dañada autoestima moral de aquellas “almas caritativas” conseguía hacerlo sentir aún más aislado, aún mas solo y abandonado en calles repletas de personas que sólo lo quieren ver desaparecer.

El hombre del café no había sido así. Comenzó preguntando cómo se encontraba. Pregunta a todas miras estúpida, pues la respuesta era obvia, pero una formalidad aún así apreciada. Toda costumbre involucrando respeto solía omitirse al hablar con él. Ernesto no le ofreció demasiada conversación. Estaba cansado, hambriento, con frío y, aunque costara admitirlo, profundamente deprimido. Ya llevaba semanas sin sentir alegría. Precisamente antes en el mismo día comenzó a plantearse su suicidio. No la estaba pasando bien. No tenía energías para conversar.

Pero aún así el hombre insistió. Preguntó si quería algo. De comer, de tomar, lo que sea. Ernesto no respondió. Mientras más bondadosa la oferta, más desconfiaba. Quienes desean aparentar simpatía suelen ni siquiera conocer su verdadero significado. Creen que nace en el esfuerzo forzado, y no del verdadero interés. Sin embargo no fue esta la razón por la que Ernesto no habló. Desconfiaba, sí, ya era algo natural en él, pero su garganta le dolía, al hablar, al respirar, al tragar saliva. Intentó hablar pero no podía; el dolor era demasiado intenso. Unos débiles quejidos emergieron, y nada más. Fue en ese instante que Ernesto se dio cuenta de algo aterrador: no recordaba la última vez que había mantenido una conversación con alguien. Se había vuelto mudo sin ser consciente de ello. Al no tener interlocutor, había perdido la práctica de unas de las actividades más humanas.

A pesar de su silencio el hombre del café continuó intentando entablar conversación. Al no lograrlo, entró en un kiosco. Ernesto asumió que ya no lo volvería a ver; uno más de los cientos de rostros anónimos cuyas características estaban destinadas al olvido. Entonces su cuerpo emergió y con un pie dentro del negocio preguntó: “¿Qué tipo de café te gusta?”

Con apenas seis palabras, por un instante, Ernesto sintió su carga levantada. Ese deseo de autodestrucción, esa falta de humanidad, se encontró suspendida el suficiente tiempo para que lograra pronunciar: “Capuchino”, dijo con una voz rasposa, cuyos guturales sonidos hacía tiempo no escuchaba. Realmente nunca le había gustado el café, pero su madre era una fanática. De niño le costaba pronunciarlo bien, lo que la hacía estallar en carcajadas. Al crecer seguía pronunciándolo mal, a propósito, sólo para ver a su madre reír. El recuerdo le inspiró a hablar.

Un pulgar arriba y a los pocos minutos salió con el café en mano. “Me voy al laburo. Voy a volver a la noche. Si te quedás por acá y necesitás algo me decís. ¿Dale?”, dijo mientras se lo entregaba. Ernesto asintió. Lo esperó, en la misma calle, en el mimo lugar al lado del negocio, hasta el anochecer. Mantenía la esperanza, quizá ilusa, de volver a verlo. Al bajar el sol, las sombras de los transeúntes desaparecían, y la pesada carga volvía a inundar su pecho. No quería pensar en ello, pero su mente volvía y volvía a la pregunta: “¿Qué tipo de café te gusta?” Sentía en esas palabras un calor inexplicable.

No puede contaminar un espacio público.

Ernesto alzó la mirada. Un policía de unos 50 años le estaba observando fulminante.

¿No me escuchó? No puede contaminar un espacio público —repitió, y señaló el vaso de plástico en el piso. Ernesto no había notado que se le había caído. Tomó el vaso con obediencia—. Ahora tírelo a la basura.

Ernesto no comprendía.

¿Que sos? ¿Sordo? Mirá, justo allá, tenés un tacho —Señaló un tacho de basura a unos metros. Ernesto negó con la cabeza. No quería tirar el vaso—. Dale imbécil. Deberías estar agradecido que no te rajo de acá a patadas. Mínimo tirá tu propio basura. Vení que te ayudo.

Tomó a Ernesto del brazo y lo forzó a levantarse. Era un hombre mayor, pero con fuerza. Caminó con él hasta el basurero. Caminaba lento y con el vaso en la mano. Estaba cansado, y no tenía las energías para rebelarse, mucho menos en contra de un oficial. Le permitió llevarlo. Llegaron al tacho y el policía le sacó el vaso de la mano y lo tiró.

Así de fácil. No era tan complicado, ¿viste?

Inesperadamente, sin siquiera ser del todo consciente de ello, una lágrima escapó el ojo de Ernesto.

Estás… ¿llorando? —dijo el policía incrédulo—. ¿Por un vaso de mierda? —preguntó en medio de una incómoda risa—. Nunca pensé que un indigente sería así de sensible. Me los imaginaba un poco más fuertes de alma. Duros de corazón.

¿Por qué? —murmuró Ernesto—. ¿Por qué pensabas que yo era fuerte? ¿Por qué asumirías algo así?

El oficial tardó en responder. Escucharlo hablar lo había descolocado.

No lo asumía de vos en concreto. Tampoco te enojes. Es sólo que si uno pasa tanto tiempo en la calle terminás desarrollando ciertas defensas. Ya sabés, para afrontar la situación. Eso es todo.

¿No crees que lo empeora? Estar en la calle. Ser tan odiados como lo somos.

Sos un exagerado. Nadie los odia. Es sólo que… No importa.

¿Pensás que debería suicidarme?

Esta vez la pregunta lo dejó aún más descolocado. Tardó más de un minuto en responder. Miraba a la calle vacía, al piso. Nunca lo miró a los ojos. Parecía estarlo realmente pensando con mucha dificultad.

En tu situación, sin duda lo haría.

Ernesto ya sabía la respuesta, pero escucharlo fue como una punzada al corazón.

¿Por qué? —dijo sin mirarlo. Su voz estaba débil.

Es una vida de mierda. Andar pidiendo limosna, rogándoles a otros que te den el fruto de su difícil trabajo. Saber que nunca vas a lograr ser nada pero una carga para todos. Para tu familia y amigos que deben despreciarte, si es que todavía los tenés. Si no para ellos entonces para el Estado, que tiene que hacerse cargo de vos a regañadientes. Nadie te quiere. Además, sabés que no hay ningún valor en tu existencia. Si en todos tus años de vida lo único que lograste fue llegar a esto, el más absoluto fracaso, no es que hubieras tenido demasiado potencial para empezar. Sos como un humano viviendo una vida de rata. Es una tortura. No vale la pena.

Un largo silencio. Muchos escenarios cruzaron la cabeza de Ernesto. Algunos reales, como cuando asaltaron su hogar, despojándolo de todo, o cuando lo despidieron del trabajo porque a su edad ya no aguantaba trabajar 12 horas diarias. Otros escenarios eran fantasía, como agarrar al policía de la nuca y romperle el cráneo en contra del poste de luz. La sucesión era tan veloz como una bala. Hacía tiempo que no sentía su alma tan encendida.

Sos un hijo de puta. Sabelo —le respondió. El policía rió.

No es la primera vez que me lo dicen.

Quizá sea por algo. Te rodeás de personas muy perceptivas.

No sabía que además de indigente también eras payaso. Tenés que estar agradecido que no te estoy metiendo esta porra por el orto.

¿Es lo único que sabés hacer? ¿Ser un violento de mierda?

Y soy muy talentoso en ello. Es mi profesión. 30 años de experiencia—respondió sonriendo. Sus dientes amarillentos estaban ligeramente torcidos, y sus labios, ahora iluminados por el poste de luz, se veían completamente resecos.

Espero que no tengas hijos. Deben despreciarte. Sé de que hablo.

Todos sabemos que tuviste un padre de mierda. Es bastante evidente —dijo señalando los harapos con los que Ernesto andaba vestido.

Nunca en su vida Ernesto había sentido tal necesidad de asesinar a alguien. Era un impulso tan extremo, tan animal, tan íntegro en su alma, que se asustaba de sí mismo. No obedeció la peor parte de su alma. En su lugar, preguntó:

Para vos, ¿qué hace un policía?

Se veía extrañado.

¿Qué mierda pensás que hacemos? Defendemos a la justicia. Es nuestro deber. Defendemos a los ciudadanos. Incluso bolsas de mierda como vos.

Ernesto se tomó unos segundos. No quería pelear con el policía, pero estaba cansado de ser tan incansable y tortuosamente pisoteado.

Ustedes hacen que se cumpla la ley, ¿verdad?

Por supuesto —respondió con enojo latente.

¿Quienes escriben las leyes?

¿Qué? —parecía confundido.

¿Quienes escriben las leyes que hacés respetar?

El policía tardó en responder.

Este… Los abogados. ¿No?

Los políticos. Diputados y senadores. Ellos han definido cada ley en nuestro país. Todo lo que vos hacés, es obedeciendo la voluntad de los políticos.

Rió. La idea le parecía absurda.

Por supuesto que no. Esos políticos corruptos que se la pasan rascándose el culo todo el día no me dicen qué puedo y no puedo hacer. Esos tipos no tienen ninguna integridad moral; yo sí. Yo decido mis propias acciones.

No me estás escuchando. No te estás escuchando a vos mismo. Vos defendés la ley. La ley es escrito por el poder, por los políticos, quienes, según vos mismo, son corruptos, carecen de integridad moral. Utilizan ese poder para beneficiarse a ellos mismos. Los únicos intereses que esas leyes defienden son los suyos, no los nuestros; no los ciudadanos.

Incluso suponiendo que es cierto, yo no hago eso. Yo no salgo a la calle pensando en qué es mejor para los políticos. Al contrario. Quiero lo mejor para mi gente. Para mi familia y mis amigos. Para mi barrio. Sólo busco protegerlos. Nada más.

Ernesto no esperaba esa respuesta.

Querés proteger a tu comunidad. Lo entiendo. Lo respeto. Pero ese no es el rol del policía. Tu tarea, no como persona, sino como agente del Estado, es otra. Tenés que proteger la propiedad privada, el capital, la integridad de las clases sociales más aventajadas, que benefician a la sociedad. Los que tienen plata. Al resto, porra.

No. Para nada. Digamos… Sí, digamos que sí. Digamos que sí defiendo esas cosas. ¿Cuál es el problema? La gente que trabajó duro por sus propiedades merecen ser protegidas. Ellos son los mejores miembros de la sociedad, ellos sacan al país adelante. Se merecen todo nuestro respeto. Mientras tanto hay resentidos como vos que quieren robarles el fruto de su laburo sin merecerlo. Todavía peor, todos esos negros de mierda que van en grupo a asaltar a pobres viejas con dos pesos en la cartera. Yo estoy para proteger a la pobre anciana y romperles la jeta a esos criminales. ¿Cuál es el problema con eso? No hay mejor definición de justicia.

En otra época, cuando era más joven, Ernesto se habría encolerizado. Aquella estigmatización, aquel odio tan extremo lo habría vuelto loco. Sin embargo, ahora, tras años de escuchar las mismas palabras, los mismos argumentos, se había vuelto completamente insensibilizado. Ya no surtía efecto alguno en él. Tenía el alma tan apagada, tan entumecida, que ya no tenía significado.

No. Simplemente no. La gente con propiedades, terreno, capital no la ganó sólo trabajando. La ganó siendo dueños de empresas, de porcentajes de empresas, que maximizan beneficios pagando poco por muchas horas, empujando a sus trabajadores al borde de la muerte, siendo parte de una maquinaria indiferente a la miseria humana, en la que o pagas el precio que les genera riquezas, o te morís de hambre. Si venís de una familia de pocos ingresos, si te despidieron del trabajo y te costó encontrar otro, incluso si trabajás pero el salario es una miseria y no tenés mejores opciones, te quedás sin ropa, sin alimento, sin vivienda, sin educación, sin servicio médico. Los ricos abandonan a los pobres; o los explotan, o los dejan morir. Ese es el sistema de justicia que vos defendés.

A mí sólo me suena a que estás resentido.

Ernesto no dijo una palabra más. El policía tampoco. Volvió a su auto y se alejó. Ernesto se sentó en el mismo lugar donde se encontraba antes de ser interrumpido. Estaba cansado. Siempre lo mismo. No importaba cuánto se defendiera, cuánto defendiera a sus hermanos, siempre terminaba igual. Era como si no existiera salida. Sentía que ya era momento de aceptarlo. Se sentía frío, despegado de el mundo que antes tanto amaba. Por alguna razón, volvió a llorar. Un llanto largo, incómodo, feo. Un llanto como cuando era niño. Sentía las lágrimas congelarse al caer. Al parecer no estaba tan insensibilizado como creía. Su ilusión, su esperanza, estaba acabándose. Nunca pensó que dolería tanto.


-Nehuén Faggiano

miércoles, 16 de marzo de 2022

Cigarrillos (Poema)

CIGARRILLOS

Ya no disfruto de nada
Ni siquiera de fumar
Pero se siente correcto

Dañar mi cuerpo, un lento suicidio,
la imagen de un joven que no respeta su juventud,
el humo escondiendo mi rostro
cansado, enfermo, solitario
A veces fumo con amigos, pero no se siente correcto
Compartir, reír, mientras intento alejarme de todo
A veces finjo, a veces no,
pero uno sólo fuma de verdad sin testigos,
sin nadie confirmando la pretensión
Fingir cinismo para enmascarar que algo sí te importa
El que nada te importe
Fingir alegría por lo oscuro, enmascarando el dolor del trauma
Fingir que no te importa lo que no debería importarte
y que te importa lo que sí
A veces siento que todo es sólo pretensión
Todo es un juego,
jugadores simulando no estar jugando
en su lugar viviendo, pretendiendo vivir
En el juego lo genuino muere
Excepto cuando estoy solo
Excepto cuando lloro, sin decirle a nadie
Sin nadie preguntando cómo estoy,
sin mi silencio, sin saber cómo responder
No sé cómo estoy
No sé cómo me siento
Insatisfecho, aburrido, frágil, enfermo
Etc., etc.
Despojado
A punto de vomitar del asco de vivir
y pretender
y de ignorarlo todo como si todo estuviera bien
O como si debiéramos aceptar que no lo está
El mundo elije ignorarlo todo
pero los cigarrillos asienten 
Comprenden el dolor, no lo esconden
El cáncer, el olor a mierda,
el asco que el cigarrillo produce,
es la parte más placentera
porque refleja todo lo interno,
todo lo que callo

El cigarrillo me entiende, pero no me ayuda
Debo dejar de fumar

-Nehuén Faggiano

lunes, 14 de febrero de 2022

Los argumentos terapéuticos de Martha Nussbaum

 Texto escrito como parte del ingreso a la carrera de Filosofía de la FFyH (UNC)

La tradición platónica plantea la ética como separada de la realidad humana. Existen verdades morales incuestionables y universales que no dependen de los deseos, necesidades o preocupaciones terrenales de los seres humanos. La separación entre los ideales éticos y la realidad humana es irreconciliable. Existe la versión “pura” e idealizada de la realidad, ajena a la vida cotidiana y sus propios problemas éticos.

La visión alternativa es la corriente de las creencias ordinarias, que propone pensar las verdades éticas como únicas a cada cultura y sociedad, siendo válidas siempre y cuando se perciban como válidas por los miembros de la comunidad considerada. No es la tarea del filósofo validar o invalidar sus creencias.

La tradición terapéutica combina el poder crítico de la platónica con el reconocimiento de las necesidades individuales y del valor de las creencias subjetivas perteneciente la tradición de las creencias ordinarias. No cree que las verdades éticas pueden relativizarse a cada cultura ni que al auto-diagnóstico sea satisfactorio para tratar a un paciente. Plantea verdades filosóficas bien fundamentadas, lógicas y válidas, pero intenta comprender la realidad del paciente, pues desea sanar sus enfermedades; tiene un propósito no sólo teórico, pero también práctico. Busca en el paciente una introspección reflexiva dotándole a sus creencias y formas de vida mayor importancia que en la tradición platónica, utilizando figuras retórica-literarias y la persuasión para convencerlo de incorporar la verdad filosófica para encontrar su sanación.

No se rechaza la lógica ni la buena argumentación, pero se reconocen que éstos son insuficientes para causar efecto en los individuos, debido a que al no tratar con sus emociones y creencias previas sólo causan rechazo o indiferencia. Los argumentos terapéuticos parten de la particularidad de la vida del individuo hasta conceptos más generales. Tratan los prejuicios del paciente, sus creencias falsas, sus malos argumentos, sus confusiones respecto a la verdad y busca hacer clara la distinción entre sus opiniones y el verdadero conocimiento. Modifica a partir del contexto y se comprende el modo de vida del paciente. No permite despegarse de lo particular y contingente, pero tampoco le basta con siempre validar las creencias ordinarias, pues es un trabajo crítico con el sentido común.

Así la relación entre médico y paciente (filósofo/maestro y discípulo) se vuelve dialógica. El maestro no sólo impone sino que también se deja modificar. El conocimiento es un vínculo con otros, discutiendo, dialogando, preguntando y respondiendo, contrastando perspectivas. El maestro posee mayor conocimiento y sabiduría que el paciente, pero no impone dicho conocimiento. Se transmite a través de la persuasión; sólo así se logra el “florecimiento” del discípulo y es capaz de curar sus enfermedades. Se construye una verdad colectiva. La cita reconoce esta doble tarea de los argumentos terapéuticos, ya que menciona la necesidad de ser crítico con las creencias ordinarias mientras que el objetivo último siempre será la sanación de las personas.

domingo, 30 de enero de 2022

Breve Resumen del Problema del Conocimiento

Texto escrito como parte del ingreso a la carrera de Filosofía en la FFyH (UNC)

En este breve texto hablaré sobre el “problema del conocimiento”, primero planteando el conflicto entre religión/ciencia y luego entre ciencia/filosofía. Cómo concebimos el conocimiento es una pregunta que define el pensamiento de cada civilización intentando responderla. Las mismas bases sociales dependen de los fundamentos de los que partimos para adquirir conocimientos sobre el mundo externo y sobre nosotros mismos. Nuestra relación con la naturaleza, nuestra tecnología, nuestra ambición como especie, nuestra metafísica todas dependen de la adquisición y uso del conocimiento.

Durante siglos en Europa todo conocimiento remitía (de diversas formas) al Dios cristiano. Siendo El Creador, todo fenómeno natural y espiritual se entendía a través de lentes religiosas. Incluso sobre el consenso religioso la pregunta de sobre qué método de adquisición de conocimiento se pusiera énfasis generaba debate (sensaciones o razón y los límites de ambos). Estaba claro que las formas religiosas tenían limitaciones para explicar el mundo, pues no se obtenía una fuente de conocimiento universalmente aceptada como legítima. Aquí surge el método científico, mucho más preciso a la hora de obtener datos objetivos sobre el mundo natural. Al mismo tiempo esta nueva cosmovisión presentaba sus propios problemas: la realidad humana, subjetiva, emocional y política quedaba apartada del nuevo mundo creado con la ciencia como única fuente de conocimiento. ¿Cómo adquirir conocimiento de, por ejemplo, el impacto de la desigualdad económica, a través de la física o la química? Existiendo conocimiento al que no se podía acceder utilizando ciencias naturales, alternativas comenzaban a surgir, algunas más científicas (ciencias sociales como la antropología, sociología o economía), algunas más versátiles y provocadoras (psicoanálisis o filosofía). Quedaba claro que ni la ciencia ni la religión eran capaces de abarcar (comprender y acceder a) todo el conocimiento humano. Además su impacto al volverse imperante arraigaría consecuencias no siempre positivas.

El decantado progreso de la ciencia, lejos de contribuir al enriquecimiento y la elevación espiritual del hombre, se resuelve, en definitiva, en avasallante progreso material. La labor especializada de la ciencia beneficia materialmente a la civilización, pero al precio de la mutilación espiritual de los que hacen profesión con ella. La especialización científica, la llamada división del trabajo -especie de fiat utilitario de la civilización moderna- hace del hombre un autómata, transformando su inteligencia en un mecanismo inánime”. (Astrada, 1925)

Carlos Astrada describe el problema espiritual de la ciencia; a pesar de sus beneficios materiales, convierte al hombre en una pieza más de tecnología donde su inteligencia y capacidad para razonar sólo existen en capacidad de ejercer la función social del hombre (bajo el capitalismo, una función económica) y su humanidad resulta sacrificada. Sus deseos, sus preocupaciones no-materiales, su ética no pueden ser reconocidas bajo la limitada cosmovisión puramente científica. La ciencia se vuelve anti-humanística.

Como resultado obtenemos una sociedad materialmente avanzada y espiritualmente en crisis. Los problemas éticos son abandonados, pues al no poder obtener respuestas universales y objetivas no podemos confrontarlos con el método científico, cínicamente abandonados a los pareceres del poder político. Como individuos debemos dedicarnos a ser trabajadores y consumidores, disfrutando de los avances tecnológicos que nos ofrece la ciencia, volviéndose éstos más bien una distracción de nuestros problemas personales, nunca su solución. Esta sociedad no puede confrontar aquellos conflictos fuera del alcance de la ciencia, de manera que resulta incapacitada para satisfacer a sus comunidades.

Para concluir, las formas de obtener conocimiento no sólo nos ayudan a entender nuestro entorno, pero también lo definen. Precisamente al priorizar el conocimiento material externo nos olvidamos del interno y espiritual, parte esencial de la experiencia humana.


sábado, 1 de enero de 2022

BY THE TIME I GET TO PHOENIX, de Injury Reserve (Análisis)

 


By the Time I Get to Phoenix, del trío Injury Reserve, podría ser la mejor representación de la depresión del Siglo XXI que se ha visto en la música contemporánea. En el mismo género del rap hemos escuchado discos como Atrocity Exhibition de Danny Brown, o en español canciones como René de Residente o Tiempos Raros de Kase.O. Sin embargo lo que distingue a estos otros artistas es el cómo se elige encarar los mismo temas de trauma y crisis emocional con instrumentales que varían entre lo caótico y lo bello (a veces simultáneamente, como en Superman That con un beat agresivo y vocales dulcemente cantadas). El productor del grupo, Parker Corey, construye un panorama sonoro apocalíptico, atmosférico, denso y tóxico para permitir a los raperos Ritchie With a T y Steppa Groggs expresar sentimientos de frustración política, miedo a envejecer, referencias a algoritmos, una explícita depresión, luto, entre otros. Considerando el tono general uno atribuiría estos pesados temas a, por un lado la pandemia del Covid-19 que tan detrimental ha sido para la salud mental de gran parte de la población, además de las protestas contra la violencia policial desencadenadas por el asesinato de George Floyd en 2020; y por el otro, al lamentable fallecimiento de Groggs, en el mismo año.

Outside abre el disco con un tema bastante único: el centrismo político.


Oh, you wanna meet in the middle, huh?

You wanna see what we have in common? Yeah

Take a seat, sit right across from me, don't sit behind 'em


La primera mitad de la canción desarrolla una crítica a aquél sector de la política (no comprendida como la política formal, pero la mundana, de personas discutiendo en su día a día) que pretende mantener una cierta neutralidad respecto a tensas temáticas sociales. En el primer verso se hace referencia a los cobardes white boys empoderados por foros como los encontrados en Reddit (The r/ got the white boys talking all wildly). Considerando las discusiones poco fructíferas sucedidas en este tipo de ciberespacios y el poco tacto o interés genuino de muchos de estos usuarios al debatir temas que ni les afecta ni han vivido (particularmente en lo referido a tensión y agresión racial) la crítica está más que justificada.

El segundo y último verso lo continúa Ritchie, y es tan perfecto y claro que sólo queda transcribirlo.


Y'all wanna have two-way conversations

But let's put everything on the table, let's put everything

We ain't gonna bounce around it

Nah, we ain't gonna bounce around shit

Got my skeletons, you've got yours

But let's be honest here

This-this don't end with agree to disagree, it ain't possible

There's just some things

There's just some things that ain't right

We've gotta be honest with ourselves

Now I know, I know, I know you know, I know, I know

And if you don't then there's something wrong

Up here in your noggin, in your noggin

We cannot end this with an agree to disagree

There is no happy medium

That is nothing

That is nothing


La canción luego se desenvuelve en uno de los momentos más musicalmente satisfactorios de todo el disco, pero prefiero quedarme y profundizar en el contenido lírico. ¿Cuál es el problema con el centro político? ¿Por qué criticar a ese sector de la población que prefiere ignorar ciertas realidades incómodas, pretender que nuestra sociedad no tiene “elephants in the room” y agree to disagree, significando acordar a un desacuerdo equivalente a no comprometerse al cambio, y ni siquiera a una discusión genuina? La respuesta es simple: al no ser de izquierdas ni de derechas, al no impulsar cambios radicales, uno se limita a una situación de pasividad. En ese silencio político existe una validación implícita del status-quo, pues no se busca cambiarlo. Si no se buscan soluciones a un problema, entonces quizá después de todo el problema no era tan grave.

Un individuo puede pretender presentarse como “ni de izquierdas ni derechas” pero el status-quo validado es el mismo que los conservadores buscan conservar. Es aquél que los beneficia, y cuando hablo de la derecha no me refiero a familias tradicionales y religiosas necesariamente. Hay muchos tipos de conservadores, desde personas empáticas con preocupaciones genuinas sobre valores morales justificables hasta violentos fascistas. Prefiero apuntar a los conservadores con poder, los políticos y empresarios a quienes el sistema, con todas sus carencias detrimentales para la clase trabajadora, beneficia. A ellos no les conviene un sistema distinto; son a ellos a quienes los “centristas”, aquél grupo con miedo a reconocer problemas sistemáticos y demandar soluciones, apoyan, lo sepan o no.

En el caso de Outside uno puede, y reconozco que uno debería, entender que las referencias políticas seguramente nacen de una frustración ante las problemáticas raciales en los Estados Unidos. Tras años de acoso policial a individuos racializados, en su mayoría hombres negros, el cual con frecuencia ha terminado en el homicidio de inocentes, muchos blancos conservadores continúan ignorando los problemas con la violencia policial. Este es el caso de muchos republicanos e incluso (o especialmente, depende de cómo se vea) liberales. Aunque este sea el catalizador para el inicio del disco, sus críticas pueden extrapolarse para entender la política en términos mucho más generales, y considerando la falta de referencias directas a temáticas concretas, yo creo que esta era la intención original.

La segunda canción es la caótica y desgarradora Superman That. Con tan sólo 2 minutos y cuarenta segundos el impacto es profundo. Acompañados por una agresiva percusión escuchamos un desalentador estribillo y un verso que podría fácilmente ser entendido a través del lentes marxistas, pero sin duda existenciales:


You, ain't no savin' me, ain't no savin' me or you (x4)

You


I can feel it in my bones

Man, they stripped what they own

Every stone that you've thrown

Every blow that you've shown

You can keep what you stitch until they peep now you reap what you sow

You can toot your horns hoot 'n holler but that’s just how that shit go (x2)


Sin importar el ángulo de interpretación que cada uno decida tomar, esta es una canción donde la esperanza brilla por su ausencia.

No examinaré la letra de la tercera canción, ni del resto del disco, tan exhaustivamente, pues son demasiados versos que no requieren de mis comentarios para ser disfrutados o entendidos, pero sí hay múltiples momentos que merecen ser analizados. SS San Francisco, por ejemplo, es una de las mejores representaciones de la mentalidad depresiva que es posible expresar en una canción. Versos como “Y qué si no quiero quedarme aquí/Y qué si no quiero rezar aquí” “No se supones que estemos ahí/No se supone que vivamos en eso”, o el pegadizo, cruel final del primer verso:


Don't be mad

You made the bed for yourself, so sad

Can't protect yourself

Don't be mad

You'll go mad

(We ain't supposed to be there, we ain't supposed to live in it)

You'll go mad

Don't be mad


Ritchie comienza su último verso con “No lo haré/no puedes forzarme a hacerlo”. Esta manera de entender la depresión es, creo, mucho más justa que otras alternativas. No interpreta el estado depresivo como una tristeza vacía, pero como una reacción a una realidad insoportable. Es una depresión justificada por un entorno cruel e inhumano. ¿Quién puede culpar al individuo cuando se le fuerza a vivir una forma de vida que nunca debió experimentar? ¿Por qué ajustarnos a realidades que no reconocen nuestra humanidad? El final del verso de ZelooperZ refuerza este énfasis en la realidad externa del individuo, y no su interior:


Reason for insanity, I ain't got one to use it

Know my body mad at me because it's goin' through it

Scared to have some kids because the world be goin' through it


Footwork in a Forest Fire presenta letras explícitamente apocalípticas. Considerando la escritura de estos versos durante una pandemia, una crisis económica global y una inevitable crisis climática, las cuales no parece que vaya a sufrir una solución pronto, no es difícil adivinar el motivo de estas letras. La violencia policial y el autoritarismo estatal también deben considerarse de importancia.


Manic in the skies

There's panic in the sky

Even when it's down below

There's nowhere to go

You better run and hide

Take yo' ass inside

If you don't go, breathe the air

You might just stay alive

We might just stay alive


También hay referencias a movimientos armados de clara y muchas veces explícita índole fascista, como ciertos votantes de Trump, entre ellos quienes tomaron el Capitolio a principios de 2021, o los Proud Boys, un grupo de racistas armados hasta los dientes dispuestos a hacer lo que sea por lograr un etno-estado blanco. En una primera instancia estos grupos sufrían de burlas de gran parte de la población, pues sus ideas ridículas con retórica incoherente frecuentemente expresadas a través de memes en 4chan o Facebook no imponían demasiada seriedad. Tras eventos como Charlottesville o el mencionado ataque al Capitolio Estados Unidos muchos se han visto forzados a abandonar esta inocente interpretación.


Grab everything that you own

But not everything that you owe

You got two arms you can hold with

But two arms and no mo

They gon bear arms and you know it

Size of bear arms and boulders

They got bear masks and bows

Everything that you don't

They been plotting on this moment

We laughed at 'em and joked

There's one thing I know

Is that we in this thang alone


Ground Zero podría hacer referencia al inicio del apocalipsis influenciado por lo vivido en los primeros meses de pandemia. Aunque como el resto de canciones del álbum es instrumentalmente tan interesante como disfrutable y la escritura de Ritchie With a T es impecable en su flow, el contenido lírico no es tan interesante ni permite demasiado análisis, pero sí expresa el caos y miedo instaurado en una época de la historia donde el pánico inunda los corazones de gran parte del mundo.

Smoke Don’t Clear utiliza una instrumental igualmente agresiva y glitchy similar a Superman That pero con una letra más amenazante que angustiante.

Es en la séptima canción del disco donde nos encontramos con el primer reconocimiento explícito de la muerte de Groggs, quien a este punto está ausente en múltiples canciones, dejando sólo la manipulada voz de Ritchie para los segmentos más graves.

Top Picks For You utiliza una metáfora tecnológica, entendiendo los algoritmos de los servicios de entretenimiento (Netflix, Youtube, TikTok, etc) como una imagen estática de la persona fallecida, un entorno digital creado al detalle para estos usuarios que ya nunca podrán regresar a estas recomendaciones algorítmicas. Este vacío se compara con el que deja una persona querida, un entorno preparado para recibirlos, para el que ellos nunca volverán.


Yeah, your pattern's still in place, algorithm still in action

Just working so you could just jump right back, jump right back

I seen that shit working like nothing ever happened

I go to power on, I see your shit still happenin', yeah

I felt loss but a hole like this I never could'vе imagined

Your pattern's still in place, algorithm's still in action

As I scroll through I see a piеce of you is still reacting


Existe una cierta esperanza de que aquellos que nos dejaron atrás puedan volver a ocupar su espacio, real o digital, y llenar ese vacío que dejaron, retomar sus actividades como si nada hubiera sucedido. Es una idea absurda, pero expresa el absurdo deseo de volver a experimentar aquella compañía perdida. No sucederá, pero no siempre es fácil reconocerlo.

Recientemente mi abuela murió. Tenía una conexión muy fuerte con ella, y a medida que su salud mental iba deteriorando, sentía que quizá nos abandonaría. Esperaba que aún faltaran años, pero no. Una caída en la ducha significó que la pusieran en un geriátrico, y pasaron meses sin que pueda volver a verla por restricciones pandémicas. En 2021, con ya todos vacunados, logré visitarla unas pocas semanas antes de su muerte. Estaba esquéletica, y no paraba de pedir perdón por molestarnos, a mi tío, mi madre y a mí. Nosotros no parabamos de repetir que no era ninguna molestia, que amabamos estar allí con ella, y era verdad, pero no parecía convencida.

Me costó asimilar su muerte. La veía poco, por lo que mi rutina no cambió, y tardé en sentir su ausencia. Aún ocasionalmente siento un fuerte deseo de verla, y recuerdo que esa ya nunca será una posibilidad. Cada tanto aún lloro al recordar su sonrisa, tan hermosa en sus últimas semanas como cuando sonrió al verme nacer.

Sus pertenencias están en el baúl del auto. Me he subido a ese auto, pero nunca me he atrevido a abrir ese baúl con las últimas piezas de una vida que ya no está.


I scan the room, I see bits and pieces of you scattered

It's those same patterns that gon' get us through the next chapter

Your blood runs through this home

And your habits through much after


La siguiente canción, Wild Wild West, continúa con una atmósfera apocalíptica, esta vez referenciando el poder del internet, su influencia y crecimiento. No se profundiza en el tema.

Estamos entrando al último trío de canciones del disco, el cual, como el primero, consiste de algunas de las mejores canciones de Injury Reserve en su corta pero fructífera historia. Postpostpartum comienza con una bellísima instrumental: percusión pausada, un suave bajo, una melódica guitarra, un ocasional piano y los efectos de producción a los que Parker ya nos tiene acostumbrados. Todos estos sonidos se unen para acompañar las melodías y versos de Ritchie, quien está cansado de otros raperos copiando su estilo, logrando mayores beneficios económicos mientras él continúa frustrado con su limitado éxito en la industria musical. Su estilo se ha visto replicado hasta el hartazgo, y aunque él mismo admite que debería estar orgulloso de su legado, no puede evitar “cerrar lo brazos al mar”, pues él no pretende ser un benefactor. En conclusión, la industria musical, la labor del artista, puede ser una cruel e injusta encrucijada.

Knees fue el primer sencillo del disco, por lo tanto fue la primera impresión de lo que vendría. Respecto al género es bastante disimilar al resto del proyecto, pues en su mayoría recuerdo más a un blues experimental que a un agresivo Hip-Hop o, como los propios miembros han llamado a la música del disco, un post-rap, menos consistente en su métrica, más pausado y melancólico. Este penúltimo track puede parecer una anomalía musical, pero no lo es temática. Las rodillas a las que el título hace referencia son las rodillas de Groggs, las cuales duelen como señal de que está creciendo.


Knees hurt me when I grow

And that's a tough pill to swallow

Because I'm not gettin' taller

Please, is there any way I could grow, please?

Esta difícil realización de que no seguiremos creciendo, representado en un crecimiento físico pero expresando un miedo mucho más espiritual y existencial, vuelve en el interludio y verso de Ritchie.

Oh, don't worry, you gon' grow into those, baby

Go ahead, just try 'em on, just, put 'em on man, let's, and let's see

Grandma, I don't, I don't think I'm growin' anymore


I don't think I'll grow no more

I don't think it'll snow no more

Don't feel it in my bones no more

I ain't too cool for, oh, no more

I ain't up to speed like that

I been out the loop for sure

Hold up, shit, I'll be right back

Instructions in the trash for sure

Ya no se crece, no se siente el progreso, no se convive con los tiempos que corren, ni se entienden. Uno empieza a sentirse estancado en lo que sabe y experimentó; ya no se es joven, aprendiendo, volviéndose mejor, más sabio. ¿Para qué seguir viviendo si ya no se crece? ¿Para qué seguir existiendo si nuestras identidades, nuestros intereses, nuestras vidas se mantendrán estáticas, y ya no alcanzaremos nuestros objetivos? ¿Para qué continuar cuando nuestras ambiciones se mantendrán ilusos deseos?

El verso de Groggs, su último en todo el disco, seguramente su último en general, es al mismo tiempo encantador y desgarrador, y no requiere de interpretación.

Shit, I can't even grow no more

Well, at least not vertically

But all these bottles that a nigga been killin'

Got my stomach a lil' bit lower than it's supposed to be, 'posed to be

Shit, I seen my aunt the other day, she started roastin' me

Like "Baby, how come every time I see you, you gettin' pound in the face?"

Had some rude l shit I'd want to write her, then I thought about it

I should probably take this booze off my rider

Okay, this last one is my last one, shit

Probably said that about the last one

Probably gon' say it about the next two

Well fuck it nigga, at least my dreads grew

Watch me swang on 'em, yeah

Watch me, watch me

Llegamos a la última canción, con uno de los títulos más hermosos posibles: Bye Storm. Con una instrumental triunfante, Ritchie intenta concluir su despedida a Groggs, repitiendo “Damn, it’s really pouring”, pero reconociendo que “The show must go on”. El último verso del disco habla de compartir un momento con aquellos que lo conocieron:

There's only so much two arms can truly hold, man

Everybody got that one that keep the rest in orbit

But who gon' hold it down when that rock can't take no more, man?

It rains, it pours, but, damn, man, it's really pourin'

They said you'll cope, but, damn, man, shit, I don't know, man

We laugh, we joke 'cause, man, that's just how they'd want it

Es difícil despedir a un ser querido. No hay una lección, sólo dolor y luto. Pero a pesar de todo este disco expresa, implícitamente, algo más. Es una compañía, un caluroso abrazo para aquellos sufriendo en pandemia, una expresión de un trauma colectivo que, sin embargo, al ser ambas, nos provee de las fuerzas para, juntos y a través del arte, reconocer nuestros miedos y ansiedades para despedir la tormenta. Seguirá lloviendo y tronando, pero al menos tenemos fantástica música para opacar el ruido.

-Nehuén Faggiano