miércoles, 16 de marzo de 2022

Cigarrillos (Poema)

CIGARRILLOS

Ya no disfruto de nada
Ni siquiera de fumar
Pero se siente correcto

Dañar mi cuerpo, un lento suicidio,
la imagen de un joven que no respeta su juventud,
el humo escondiendo mi rostro
cansado, enfermo, solitario
A veces fumo con amigos, pero no se siente correcto
Compartir, reír, mientras intento alejarme de todo
A veces finjo, a veces no,
pero uno sólo fuma de verdad sin testigos,
sin nadie confirmando la pretensión
Fingir cinismo para enmascarar que algo sí te importa
El que nada te importe
Fingir alegría por lo oscuro, enmascarando el dolor del trauma
Fingir que no te importa lo que no debería importarte
y que te importa lo que sí
A veces siento que todo es sólo pretensión
Todo es un juego,
jugadores simulando no estar jugando
en su lugar viviendo, pretendiendo vivir
En el juego lo genuino muere
Excepto cuando estoy solo
Excepto cuando lloro, sin decirle a nadie
Sin nadie preguntando cómo estoy,
sin mi silencio, sin saber cómo responder
No sé cómo estoy
No sé cómo me siento
Insatisfecho, aburrido, frágil, enfermo
Etc., etc.
Despojado
A punto de vomitar del asco de vivir
y pretender
y de ignorarlo todo como si todo estuviera bien
O como si debiéramos aceptar que no lo está
El mundo elije ignorarlo todo
pero los cigarrillos asienten 
Comprenden el dolor, no lo esconden
El cáncer, el olor a mierda,
el asco que el cigarrillo produce,
es la parte más placentera
porque refleja todo lo interno,
todo lo que callo

El cigarrillo me entiende, pero no me ayuda
Debo dejar de fumar

-Nehuén Faggiano

lunes, 14 de febrero de 2022

Los argumentos terapéuticos de Martha Nussbaum

 Texto escrito como parte del ingreso a la carrera de Filosofía de la FFyH (UNC)

La tradición platónica plantea la ética como separada de la realidad humana. Existen verdades morales incuestionables y universales que no dependen de los deseos, necesidades o preocupaciones terrenales de los seres humanos. La separación entre los ideales éticos y la realidad humana es irreconciliable. Existe la versión “pura” e idealizada de la realidad, ajena a la vida cotidiana y sus propios problemas éticos.

La visión alternativa es la corriente de las creencias ordinarias, que propone pensar las verdades éticas como únicas a cada cultura y sociedad, siendo válidas siempre y cuando se perciban como válidas por los miembros de la comunidad considerada. No es la tarea del filósofo validar o invalidar sus creencias.

La tradición terapéutica combina el poder crítico de la platónica con el reconocimiento de las necesidades individuales y del valor de las creencias subjetivas perteneciente la tradición de las creencias ordinarias. No cree que las verdades éticas pueden relativizarse a cada cultura ni que al auto-diagnóstico sea satisfactorio para tratar a un paciente. Plantea verdades filosóficas bien fundamentadas, lógicas y válidas, pero intenta comprender la realidad del paciente, pues desea sanar sus enfermedades; tiene un propósito no sólo teórico, pero también práctico. Busca en el paciente una introspección reflexiva dotándole a sus creencias y formas de vida mayor importancia que en la tradición platónica, utilizando figuras retórica-literarias y la persuasión para convencerlo de incorporar la verdad filosófica para encontrar su sanación.

No se rechaza la lógica ni la buena argumentación, pero se reconocen que éstos son insuficientes para causar efecto en los individuos, debido a que al no tratar con sus emociones y creencias previas sólo causan rechazo o indiferencia. Los argumentos terapéuticos parten de la particularidad de la vida del individuo hasta conceptos más generales. Tratan los prejuicios del paciente, sus creencias falsas, sus malos argumentos, sus confusiones respecto a la verdad y busca hacer clara la distinción entre sus opiniones y el verdadero conocimiento. Modifica a partir del contexto y se comprende el modo de vida del paciente. No permite despegarse de lo particular y contingente, pero tampoco le basta con siempre validar las creencias ordinarias, pues es un trabajo crítico con el sentido común.

Así la relación entre médico y paciente (filósofo/maestro y discípulo) se vuelve dialógica. El maestro no sólo impone sino que también se deja modificar. El conocimiento es un vínculo con otros, discutiendo, dialogando, preguntando y respondiendo, contrastando perspectivas. El maestro posee mayor conocimiento y sabiduría que el paciente, pero no impone dicho conocimiento. Se transmite a través de la persuasión; sólo así se logra el “florecimiento” del discípulo y es capaz de curar sus enfermedades. Se construye una verdad colectiva. La cita reconoce esta doble tarea de los argumentos terapéuticos, ya que menciona la necesidad de ser crítico con las creencias ordinarias mientras que el objetivo último siempre será la sanación de las personas.

domingo, 30 de enero de 2022

Breve Resumen del Problema del Conocimiento

Texto escrito como parte del ingreso a la carrera de Filosofía en la FFyH (UNC)

En este breve texto hablaré sobre el “problema del conocimiento”, primero planteando el conflicto entre religión/ciencia y luego entre ciencia/filosofía. Cómo concebimos el conocimiento es una pregunta que define el pensamiento de cada civilización intentando responderla. Las mismas bases sociales dependen de los fundamentos de los que partimos para adquirir conocimientos sobre el mundo externo y sobre nosotros mismos. Nuestra relación con la naturaleza, nuestra tecnología, nuestra ambición como especie, nuestra metafísica todas dependen de la adquisición y uso del conocimiento.

Durante siglos en Europa todo conocimiento remitía (de diversas formas) al Dios cristiano. Siendo El Creador, todo fenómeno natural y espiritual se entendía a través de lentes religiosas. Incluso sobre el consenso religioso la pregunta de sobre qué método de adquisición de conocimiento se pusiera énfasis generaba debate (sensaciones o razón y los límites de ambos). Estaba claro que las formas religiosas tenían limitaciones para explicar el mundo, pues no se obtenía una fuente de conocimiento universalmente aceptada como legítima. Aquí surge el método científico, mucho más preciso a la hora de obtener datos objetivos sobre el mundo natural. Al mismo tiempo esta nueva cosmovisión presentaba sus propios problemas: la realidad humana, subjetiva, emocional y política quedaba apartada del nuevo mundo creado con la ciencia como única fuente de conocimiento. ¿Cómo adquirir conocimiento de, por ejemplo, el impacto de la desigualdad económica, a través de la física o la química? Existiendo conocimiento al que no se podía acceder utilizando ciencias naturales, alternativas comenzaban a surgir, algunas más científicas (ciencias sociales como la antropología, sociología o economía), algunas más versátiles y provocadoras (psicoanálisis o filosofía). Quedaba claro que ni la ciencia ni la religión eran capaces de abarcar (comprender y acceder a) todo el conocimiento humano. Además su impacto al volverse imperante arraigaría consecuencias no siempre positivas.

El decantado progreso de la ciencia, lejos de contribuir al enriquecimiento y la elevación espiritual del hombre, se resuelve, en definitiva, en avasallante progreso material. La labor especializada de la ciencia beneficia materialmente a la civilización, pero al precio de la mutilación espiritual de los que hacen profesión con ella. La especialización científica, la llamada división del trabajo -especie de fiat utilitario de la civilización moderna- hace del hombre un autómata, transformando su inteligencia en un mecanismo inánime”. (Astrada, 1925)

Carlos Astrada describe el problema espiritual de la ciencia; a pesar de sus beneficios materiales, convierte al hombre en una pieza más de tecnología donde su inteligencia y capacidad para razonar sólo existen en capacidad de ejercer la función social del hombre (bajo el capitalismo, una función económica) y su humanidad resulta sacrificada. Sus deseos, sus preocupaciones no-materiales, su ética no pueden ser reconocidas bajo la limitada cosmovisión puramente científica. La ciencia se vuelve anti-humanística.

Como resultado obtenemos una sociedad materialmente avanzada y espiritualmente en crisis. Los problemas éticos son abandonados, pues al no poder obtener respuestas universales y objetivas no podemos confrontarlos con el método científico, cínicamente abandonados a los pareceres del poder político. Como individuos debemos dedicarnos a ser trabajadores y consumidores, disfrutando de los avances tecnológicos que nos ofrece la ciencia, volviéndose éstos más bien una distracción de nuestros problemas personales, nunca su solución. Esta sociedad no puede confrontar aquellos conflictos fuera del alcance de la ciencia, de manera que resulta incapacitada para satisfacer a sus comunidades.

Para concluir, las formas de obtener conocimiento no sólo nos ayudan a entender nuestro entorno, pero también lo definen. Precisamente al priorizar el conocimiento material externo nos olvidamos del interno y espiritual, parte esencial de la experiencia humana.


sábado, 1 de enero de 2022

BY THE TIME I GET TO PHOENIX, de Injury Reserve (Análisis)

 


By the Time I Get to Phoenix, del trío Injury Reserve, podría ser la mejor representación de la depresión del Siglo XXI que se ha visto en la música contemporánea. En el mismo género del rap hemos escuchado discos como Atrocity Exhibition de Danny Brown, o en español canciones como René de Residente o Tiempos Raros de Kase.O. Sin embargo lo que distingue a estos otros artistas es el cómo se elige encarar los mismo temas de trauma y crisis emocional con instrumentales que varían entre lo caótico y lo bello (a veces simultáneamente, como en Superman That con un beat agresivo y vocales dulcemente cantadas). El productor del grupo, Parker Corey, construye un panorama sonoro apocalíptico, atmosférico, denso y tóxico para permitir a los raperos Ritchie With a T y Steppa Groggs expresar sentimientos de frustración política, miedo a envejecer, referencias a algoritmos, una explícita depresión, luto, entre otros. Considerando el tono general uno atribuiría estos pesados temas a, por un lado la pandemia del Covid-19 que tan detrimental ha sido para la salud mental de gran parte de la población, además de las protestas contra la violencia policial desencadenadas por el asesinato de George Floyd en 2020; y por el otro, al lamentable fallecimiento de Groggs, en el mismo año.

Outside abre el disco con un tema bastante único: el centrismo político.


Oh, you wanna meet in the middle, huh?

You wanna see what we have in common? Yeah

Take a seat, sit right across from me, don't sit behind 'em


La primera mitad de la canción desarrolla una crítica a aquél sector de la política (no comprendida como la política formal, pero la mundana, de personas discutiendo en su día a día) que pretende mantener una cierta neutralidad respecto a tensas temáticas sociales. En el primer verso se hace referencia a los cobardes white boys empoderados por foros como los encontrados en Reddit (The r/ got the white boys talking all wildly). Considerando las discusiones poco fructíferas sucedidas en este tipo de ciberespacios y el poco tacto o interés genuino de muchos de estos usuarios al debatir temas que ni les afecta ni han vivido (particularmente en lo referido a tensión y agresión racial) la crítica está más que justificada.

El segundo y último verso lo continúa Ritchie, y es tan perfecto y claro que sólo queda transcribirlo.


Y'all wanna have two-way conversations

But let's put everything on the table, let's put everything

We ain't gonna bounce around it

Nah, we ain't gonna bounce around shit

Got my skeletons, you've got yours

But let's be honest here

This-this don't end with agree to disagree, it ain't possible

There's just some things

There's just some things that ain't right

We've gotta be honest with ourselves

Now I know, I know, I know you know, I know, I know

And if you don't then there's something wrong

Up here in your noggin, in your noggin

We cannot end this with an agree to disagree

There is no happy medium

That is nothing

That is nothing


La canción luego se desenvuelve en uno de los momentos más musicalmente satisfactorios de todo el disco, pero prefiero quedarme y profundizar en el contenido lírico. ¿Cuál es el problema con el centro político? ¿Por qué criticar a ese sector de la población que prefiere ignorar ciertas realidades incómodas, pretender que nuestra sociedad no tiene “elephants in the room” y agree to disagree, significando acordar a un desacuerdo equivalente a no comprometerse al cambio, y ni siquiera a una discusión genuina? La respuesta es simple: al no ser de izquierdas ni de derechas, al no impulsar cambios radicales, uno se limita a una situación de pasividad. En ese silencio político existe una validación implícita del status-quo, pues no se busca cambiarlo. Si no se buscan soluciones a un problema, entonces quizá después de todo el problema no era tan grave.

Un individuo puede pretender presentarse como “ni de izquierdas ni derechas” pero el status-quo validado es el mismo que los conservadores buscan conservar. Es aquél que los beneficia, y cuando hablo de la derecha no me refiero a familias tradicionales y religiosas necesariamente. Hay muchos tipos de conservadores, desde personas empáticas con preocupaciones genuinas sobre valores morales justificables hasta violentos fascistas. Prefiero apuntar a los conservadores con poder, los políticos y empresarios a quienes el sistema, con todas sus carencias detrimentales para la clase trabajadora, beneficia. A ellos no les conviene un sistema distinto; son a ellos a quienes los “centristas”, aquél grupo con miedo a reconocer problemas sistemáticos y demandar soluciones, apoyan, lo sepan o no.

En el caso de Outside uno puede, y reconozco que uno debería, entender que las referencias políticas seguramente nacen de una frustración ante las problemáticas raciales en los Estados Unidos. Tras años de acoso policial a individuos racializados, en su mayoría hombres negros, el cual con frecuencia ha terminado en el homicidio de inocentes, muchos blancos conservadores continúan ignorando los problemas con la violencia policial. Este es el caso de muchos republicanos e incluso (o especialmente, depende de cómo se vea) liberales. Aunque este sea el catalizador para el inicio del disco, sus críticas pueden extrapolarse para entender la política en términos mucho más generales, y considerando la falta de referencias directas a temáticas concretas, yo creo que esta era la intención original.

La segunda canción es la caótica y desgarradora Superman That. Con tan sólo 2 minutos y cuarenta segundos el impacto es profundo. Acompañados por una agresiva percusión escuchamos un desalentador estribillo y un verso que podría fácilmente ser entendido a través del lentes marxistas, pero sin duda existenciales:


You, ain't no savin' me, ain't no savin' me or you (x4)

You


I can feel it in my bones

Man, they stripped what they own

Every stone that you've thrown

Every blow that you've shown

You can keep what you stitch until they peep now you reap what you sow

You can toot your horns hoot 'n holler but that’s just how that shit go (x2)


Sin importar el ángulo de interpretación que cada uno decida tomar, esta es una canción donde la esperanza brilla por su ausencia.

No examinaré la letra de la tercera canción, ni del resto del disco, tan exhaustivamente, pues son demasiados versos que no requieren de mis comentarios para ser disfrutados o entendidos, pero sí hay múltiples momentos que merecen ser analizados. SS San Francisco, por ejemplo, es una de las mejores representaciones de la mentalidad depresiva que es posible expresar en una canción. Versos como “Y qué si no quiero quedarme aquí/Y qué si no quiero rezar aquí” “No se supones que estemos ahí/No se supone que vivamos en eso”, o el pegadizo, cruel final del primer verso:


Don't be mad

You made the bed for yourself, so sad

Can't protect yourself

Don't be mad

You'll go mad

(We ain't supposed to be there, we ain't supposed to live in it)

You'll go mad

Don't be mad


Ritchie comienza su último verso con “No lo haré/no puedes forzarme a hacerlo”. Esta manera de entender la depresión es, creo, mucho más justa que otras alternativas. No interpreta el estado depresivo como una tristeza vacía, pero como una reacción a una realidad insoportable. Es una depresión justificada por un entorno cruel e inhumano. ¿Quién puede culpar al individuo cuando se le fuerza a vivir una forma de vida que nunca debió experimentar? ¿Por qué ajustarnos a realidades que no reconocen nuestra humanidad? El final del verso de ZelooperZ refuerza este énfasis en la realidad externa del individuo, y no su interior:


Reason for insanity, I ain't got one to use it

Know my body mad at me because it's goin' through it

Scared to have some kids because the world be goin' through it


Footwork in a Forest Fire presenta letras explícitamente apocalípticas. Considerando la escritura de estos versos durante una pandemia, una crisis económica global y una inevitable crisis climática, las cuales no parece que vaya a sufrir una solución pronto, no es difícil adivinar el motivo de estas letras. La violencia policial y el autoritarismo estatal también deben considerarse de importancia.


Manic in the skies

There's panic in the sky

Even when it's down below

There's nowhere to go

You better run and hide

Take yo' ass inside

If you don't go, breathe the air

You might just stay alive

We might just stay alive


También hay referencias a movimientos armados de clara y muchas veces explícita índole fascista, como ciertos votantes de Trump, entre ellos quienes tomaron el Capitolio a principios de 2021, o los Proud Boys, un grupo de racistas armados hasta los dientes dispuestos a hacer lo que sea por lograr un etno-estado blanco. En una primera instancia estos grupos sufrían de burlas de gran parte de la población, pues sus ideas ridículas con retórica incoherente frecuentemente expresadas a través de memes en 4chan o Facebook no imponían demasiada seriedad. Tras eventos como Charlottesville o el mencionado ataque al Capitolio Estados Unidos muchos se han visto forzados a abandonar esta inocente interpretación.


Grab everything that you own

But not everything that you owe

You got two arms you can hold with

But two arms and no mo

They gon bear arms and you know it

Size of bear arms and boulders

They got bear masks and bows

Everything that you don't

They been plotting on this moment

We laughed at 'em and joked

There's one thing I know

Is that we in this thang alone


Ground Zero podría hacer referencia al inicio del apocalipsis influenciado por lo vivido en los primeros meses de pandemia. Aunque como el resto de canciones del álbum es instrumentalmente tan interesante como disfrutable y la escritura de Ritchie With a T es impecable en su flow, el contenido lírico no es tan interesante ni permite demasiado análisis, pero sí expresa el caos y miedo instaurado en una época de la historia donde el pánico inunda los corazones de gran parte del mundo.

Smoke Don’t Clear utiliza una instrumental igualmente agresiva y glitchy similar a Superman That pero con una letra más amenazante que angustiante.

Es en la séptima canción del disco donde nos encontramos con el primer reconocimiento explícito de la muerte de Groggs, quien a este punto está ausente en múltiples canciones, dejando sólo la manipulada voz de Ritchie para los segmentos más graves.

Top Picks For You utiliza una metáfora tecnológica, entendiendo los algoritmos de los servicios de entretenimiento (Netflix, Youtube, TikTok, etc) como una imagen estática de la persona fallecida, un entorno digital creado al detalle para estos usuarios que ya nunca podrán regresar a estas recomendaciones algorítmicas. Este vacío se compara con el que deja una persona querida, un entorno preparado para recibirlos, para el que ellos nunca volverán.


Yeah, your pattern's still in place, algorithm still in action

Just working so you could just jump right back, jump right back

I seen that shit working like nothing ever happened

I go to power on, I see your shit still happenin', yeah

I felt loss but a hole like this I never could'vе imagined

Your pattern's still in place, algorithm's still in action

As I scroll through I see a piеce of you is still reacting


Existe una cierta esperanza de que aquellos que nos dejaron atrás puedan volver a ocupar su espacio, real o digital, y llenar ese vacío que dejaron, retomar sus actividades como si nada hubiera sucedido. Es una idea absurda, pero expresa el absurdo deseo de volver a experimentar aquella compañía perdida. No sucederá, pero no siempre es fácil reconocerlo.

Recientemente mi abuela murió. Tenía una conexión muy fuerte con ella, y a medida que su salud mental iba deteriorando, sentía que quizá nos abandonaría. Esperaba que aún faltaran años, pero no. Una caída en la ducha significó que la pusieran en un geriátrico, y pasaron meses sin que pueda volver a verla por restricciones pandémicas. En 2021, con ya todos vacunados, logré visitarla unas pocas semanas antes de su muerte. Estaba esquéletica, y no paraba de pedir perdón por molestarnos, a mi tío, mi madre y a mí. Nosotros no parabamos de repetir que no era ninguna molestia, que amabamos estar allí con ella, y era verdad, pero no parecía convencida.

Me costó asimilar su muerte. La veía poco, por lo que mi rutina no cambió, y tardé en sentir su ausencia. Aún ocasionalmente siento un fuerte deseo de verla, y recuerdo que esa ya nunca será una posibilidad. Cada tanto aún lloro al recordar su sonrisa, tan hermosa en sus últimas semanas como cuando sonrió al verme nacer.

Sus pertenencias están en el baúl del auto. Me he subido a ese auto, pero nunca me he atrevido a abrir ese baúl con las últimas piezas de una vida que ya no está.


I scan the room, I see bits and pieces of you scattered

It's those same patterns that gon' get us through the next chapter

Your blood runs through this home

And your habits through much after


La siguiente canción, Wild Wild West, continúa con una atmósfera apocalíptica, esta vez referenciando el poder del internet, su influencia y crecimiento. No se profundiza en el tema.

Estamos entrando al último trío de canciones del disco, el cual, como el primero, consiste de algunas de las mejores canciones de Injury Reserve en su corta pero fructífera historia. Postpostpartum comienza con una bellísima instrumental: percusión pausada, un suave bajo, una melódica guitarra, un ocasional piano y los efectos de producción a los que Parker ya nos tiene acostumbrados. Todos estos sonidos se unen para acompañar las melodías y versos de Ritchie, quien está cansado de otros raperos copiando su estilo, logrando mayores beneficios económicos mientras él continúa frustrado con su limitado éxito en la industria musical. Su estilo se ha visto replicado hasta el hartazgo, y aunque él mismo admite que debería estar orgulloso de su legado, no puede evitar “cerrar lo brazos al mar”, pues él no pretende ser un benefactor. En conclusión, la industria musical, la labor del artista, puede ser una cruel e injusta encrucijada.

Knees fue el primer sencillo del disco, por lo tanto fue la primera impresión de lo que vendría. Respecto al género es bastante disimilar al resto del proyecto, pues en su mayoría recuerdo más a un blues experimental que a un agresivo Hip-Hop o, como los propios miembros han llamado a la música del disco, un post-rap, menos consistente en su métrica, más pausado y melancólico. Este penúltimo track puede parecer una anomalía musical, pero no lo es temática. Las rodillas a las que el título hace referencia son las rodillas de Groggs, las cuales duelen como señal de que está creciendo.


Knees hurt me when I grow

And that's a tough pill to swallow

Because I'm not gettin' taller

Please, is there any way I could grow, please?

Esta difícil realización de que no seguiremos creciendo, representado en un crecimiento físico pero expresando un miedo mucho más espiritual y existencial, vuelve en el interludio y verso de Ritchie.

Oh, don't worry, you gon' grow into those, baby

Go ahead, just try 'em on, just, put 'em on man, let's, and let's see

Grandma, I don't, I don't think I'm growin' anymore


I don't think I'll grow no more

I don't think it'll snow no more

Don't feel it in my bones no more

I ain't too cool for, oh, no more

I ain't up to speed like that

I been out the loop for sure

Hold up, shit, I'll be right back

Instructions in the trash for sure

Ya no se crece, no se siente el progreso, no se convive con los tiempos que corren, ni se entienden. Uno empieza a sentirse estancado en lo que sabe y experimentó; ya no se es joven, aprendiendo, volviéndose mejor, más sabio. ¿Para qué seguir viviendo si ya no se crece? ¿Para qué seguir existiendo si nuestras identidades, nuestros intereses, nuestras vidas se mantendrán estáticas, y ya no alcanzaremos nuestros objetivos? ¿Para qué continuar cuando nuestras ambiciones se mantendrán ilusos deseos?

El verso de Groggs, su último en todo el disco, seguramente su último en general, es al mismo tiempo encantador y desgarrador, y no requiere de interpretación.

Shit, I can't even grow no more

Well, at least not vertically

But all these bottles that a nigga been killin'

Got my stomach a lil' bit lower than it's supposed to be, 'posed to be

Shit, I seen my aunt the other day, she started roastin' me

Like "Baby, how come every time I see you, you gettin' pound in the face?"

Had some rude l shit I'd want to write her, then I thought about it

I should probably take this booze off my rider

Okay, this last one is my last one, shit

Probably said that about the last one

Probably gon' say it about the next two

Well fuck it nigga, at least my dreads grew

Watch me swang on 'em, yeah

Watch me, watch me

Llegamos a la última canción, con uno de los títulos más hermosos posibles: Bye Storm. Con una instrumental triunfante, Ritchie intenta concluir su despedida a Groggs, repitiendo “Damn, it’s really pouring”, pero reconociendo que “The show must go on”. El último verso del disco habla de compartir un momento con aquellos que lo conocieron:

There's only so much two arms can truly hold, man

Everybody got that one that keep the rest in orbit

But who gon' hold it down when that rock can't take no more, man?

It rains, it pours, but, damn, man, it's really pourin'

They said you'll cope, but, damn, man, shit, I don't know, man

We laugh, we joke 'cause, man, that's just how they'd want it

Es difícil despedir a un ser querido. No hay una lección, sólo dolor y luto. Pero a pesar de todo este disco expresa, implícitamente, algo más. Es una compañía, un caluroso abrazo para aquellos sufriendo en pandemia, una expresión de un trauma colectivo que, sin embargo, al ser ambas, nos provee de las fuerzas para, juntos y a través del arte, reconocer nuestros miedos y ansiedades para despedir la tormenta. Seguirá lloviendo y tronando, pero al menos tenemos fantástica música para opacar el ruido.

-Nehuén Faggiano

sábado, 7 de agosto de 2021

Chomsky Sobre la "Concisión"

Ha dicho usted que «podemos falsear o tergiversar la historia de la Revolución Francesa tanto como queramos y no pasará nada, pero si proponemos una teoría química falsa será refutada al día siguiente». ¿Cómo ha influido en sus ideas políticas esta concepción científica del mundo? 

La naturaleza es muy dura. No se puede embaucar a la Madre Naturaleza, es un capataz implacable. En ciencias naturales la honestidad es imprescindible. En campos del saber menos estrictos, eso no es así. Hay ciertas normas, por supuesto, pero en realidad son bastante laxas. Si lo que uno propone resulta ideológicamente aceptable, esto es, si apoya al sistema de poder imperante, puede decir casi cualquier cosa. De hecho, la diferencia entre las condiciones que se imponen a la opinión disidente y a la mayoritaria es abismal. 

Yo he escrito acerca del terrorismo, por ejemplo, y no creo que sea tan difícil demostrar que el terrorismo casi siempre se corresponde con el poder. No me parece una afirmación tan sorprendente. En general, cuanto más poder tiene un país, más envuelto está en campañas terroristas. Estados Unidos, que es el más poderoso de todos, está envuelto en una campaña de terrorismo masivo, según su propia definición de terrorismo. Pues bien, si quiero demostrar algo así voy a tener que aportar un sinfín de pruebas. Y me parece perfecto, no tengo objeción que poner. Creo que cualquier afirmación de este tipo debe analizarse con lupa. Así que me informo a conciencia, leo documentos internos confidenciales, registros históricos y demás. Porque sé que si alguien encuentra una coma fuera de lugar, sé que alguien me criticará por ello. Me parece bien que existan esas normas de calidad. 

Pero supongamos que uno juega en el bando de la opinión establecida. En ese caso podrá decir lo que le venga en gana, porque está apoyando al poder y nadie le pedirá explicaciones. Por poner un ejemplo absurdo, digamos que yo aparezco en Nightline y me preguntan: «¿Cree usted que Gadafi es un terrorista?». Yo podría decir: «Sí, Gadafi es un terrorista». No tendría por qué aportar pruebas de ello. Ahora bien, si me da por decir que «George Bush es un terrorista» seguro que me exigirían una explicación: «Y eso, ¿por qué lo dice?». 

De hecho, el sistema informativo entero se basa en la premisa de que no hay que justificar nada. El fenómeno hasta tiene un nombre, que he aprendido gracias al productor de Nightline, Jeff Greenfield: se llama «concisión». Una vez le preguntaron a Greenfield por qué no me invitaba a su programa y lo primero que dijo fue: «Ese tipo habla en chino, no hay quien le entienda». Luego añadió que me faltaba «concisión». Y es cierto, en eso lleva toda la razón. Lo que a mí me gustaría decir en Nightline no se puede resumir en una sola frase, porque no encaja con el credo del sistema. Si uno se conforma con repetir ese credo, puede hacerlo sin problemas entre dos pausas comerciales. Pero si uno quiere ponerlo en entredicho debe justificarse, y para eso no hay tiempo entre dos pausas comerciales. En definitiva, que me falta concisión y, por tanto, no puedo hablar. Encuentro que es una estrategia de propaganda admirable. Imponer concisión es el mejor modo de garantizar que la línea del partido se repite una y otra vez y nadie dice ni oye otra cosa.

-Entrevista de Harry Kreisler en Political Awakenings a Noam Chomsky

martes, 11 de mayo de 2021

Susan Sontag, Trophies of Experience

    If within the last century, art conceived as an autonomous activity has come to be invested with an unprecedented stature. The nearest thing to a sacramental human activity acknowledged by secular society. It is because one of the tasks art has assumed is making forays into and taking up positions on the frontiers of consciousness and reporting back what's there. Being a freelance explorer of spiritual dangers, the artist gains a certain license to behave differently. Matching with singularity of the vocation. They may be decked out with a suitably eccentric lifestyle, or not. Their job is to invent trophies of experience.

-Susan Sontag

lunes, 10 de mayo de 2021

Good for Nothing, de Mark Fisher

I’ve suffered from depression intermittently since I was a teenager. Some of these episodes have been highly debilitating – resulting in self-harm, withdrawal (where I would spend months on end in my own room, only venturing out to sign-on or to buy the minimal amounts of food I was consuming), and time spent on psychiatric wards. I wouldn’t say I’ve recovered from the condition, but I’m pleased to say that both the incidences and the severity of depressive episodes have greatly lessened in recent years. Partly, that is a consequence of changes in my life situation, but it’s also to do with coming to a different understanding of my depression and what caused it. I offer up my own experiences of mental distress not because I think there’s anything special or unique about them, but in support of the claim that many forms of depression are best understood – and best combatted – through frames that are impersonal and political rather than individual and ‘psychological’.

Writing about one’s own depression is difficult. Depression is partly constituted by a sneering ‘inner’ voice which accuses you of self-indulgence – you aren’t depressed, you’re just feeling sorry for yourself, pull yourself together – and this voice is liable to be triggered by going public about the condition. Of course, this voice isn’t an ‘inner’ voice at all – it is the internalised expression of actual social forces, some of which have a vested interest in denying any connection between depression and politics.

My depression was always tied up with the conviction that I was literally good for nothing. I spent most of my life up to the age of thirty believing that I would never work. In my twenties I drifted between postgraduate study, periods of unemployment and temporary jobs. In each of these roles, I felt that I didn’t really belong – in postgraduate study, because I was a dilettante who had somehow faked his way through, not a proper scholar; in unemployment, because I wasn’t really unemployed, like those who were honestly seeking work, but a shirker; and in temporary jobs, because I felt I was performing incompetently, and in any case I didn’t really belong in these office or factory jobs, not because I was ‘too good’ for them, but – very much to the contrary – because I was over-educated and useless, taking the job of someone who needed and deserved it more than I did. Even when I was on a psychiatric ward, I felt I was not really depressed – I was only simulating the condition in order to avoid work, or in the infernally paradoxical logic of depression, I was simulating it in order to conceal the fact that I was not capable of working, and that there was no place at all for me in society.

When I eventually got a job as lecturer in a Further Education college, I was for a while elated – yet by its very nature this elation showed that I had not shaken off the feelings of worthlessness that would soon lead to further periods of depression. I lacked the calm confidence of one born to the role. At some not very submerged level, I evidently still didn’t believe that I was the kind of person who could do a job like teaching. But where did this belief come from? The dominant school of thought in psychiatry locates the origins of such ‘beliefs’ in malfunctioning brain chemistry, which are to be corrected by pharmaceuticals; psychoanalysis and forms of therapy influenced by it famously look for the roots of mental distress in family background, while Cognitive Behavioural Therapy is less interested in locating the source of negative beliefs than it is in simply replacing them with a set of positive stories. It is not that these models are entirely false, it is that they miss – and must miss – the most likely cause of such feelings of inferiority: social power. The form of social power that had most effect on me was class power, although of course gender, race and other forms of oppression work by producing the same sense of ontological inferiority, which is best expressed in exactly the thought I articulated above: that one is not the kind of person who can fulfill roles which are earmarked for the dominant group.

On the urging of one of the readers of my book Capitalist Realism, I started to investigate the work of David Smail. Smail – a therapist, but one who makes the question of power central to his practice – confirmed the hypotheses about depression that I had stumbled towards. In his crucial book The Origins of Unhappiness, Smail describes how the marks of class are designed to be indelible. For those who from birth are taught to think of themselves as lesser, the acquisition of qualifications or wealth will seldom be sufficient to erase – either in their own minds or in the minds of others – the  primordial sense of worthlessness that marks them so early in life. Someone who moves out of the social sphere they are ‘supposed’ to occupy is always in danger of being overcome by feelings of vertigo, panic and horror: “…isolated, cut off, surrounded by hostile space, you are suddenly without connections, without stability, with nothing to hold you upright or in place; a dizzying, sickening unreality takes possession of you; you are threatened by a complete loss of identity, a sense of utter fraudulence; you have no right to be here, now, inhabiting this body, dressed in this way; you are a nothing, and ‘nothing’ is quite literally what you feel you are about to become.”

For some time now, one of the most successful tactics of the ruling class has been responsibilisation. Each individual member of the subordinate class is encouraged into feeling that their poverty, lack of opportunities, or unemployment, is their fault and their fault alone. Individuals will blame themselves rather than social structures, which in any case they have been induced into believing do not really exist (they are just excuses, called upon by the weak). What Smail calls ‘magical voluntarism’ – the belief that it is within every individual’s power to make themselves whatever they want to be – is the dominant ideology and unofficial religion of contemporary capitalist society, pushed by reality TV ‘experts’ and business gurus as much as by politicians. Magical voluntarism is both an effect and a cause of the currently historically low level of class consciousness. It is the flipside of depression – whose underlying conviction is that we are all uniquely responsible for our own misery and therefore deserve it. A particularly vicious double bind is imposed on the long-term unemployed in the UK now: a population that has all its life been sent the message that it is good for nothing is simultaneously told that it can do anything it wants to do.

We must understand the fatalistic submission of the UK’s population to austerity as the consequence of a deliberately cultivated depression. This depression is manifested in the acceptance that things will get worse (for all but a small elite), that we are lucky to have a job at all (so we shouldn’t expect wages to keep pace with inflation), that we cannot afford the collective provision of the welfare state. Collective depression is the result of the ruling class project of resubordination. For some time now, we have increasingly accepted the idea that we are not the kind of people who can act. This isn’t a failure of will any more than an individual depressed person can ‘snap themselves out of it’ by ‘pulling their socks up’. The rebuilding of class consciousness is a formidable task indeed, one that cannot be achieved by calling upon ready-made solutions – but, in spite of what our collective depression tells us, it can be done. Inventing new forms of political involvement, reviving institutions that have become decadent, converting privatised disaffection into politicised anger: all of this can happen, and when it does, who knows what is possible?

-Mark Fisher, 2014